martes, 20 de mayo de 2014

Crónica sobre una pequeña experiencia

La noche con la muerte, poesía.

Aquella noche no estaba totalmente consciente, pero vi    la muerte y le hable de poesía.
No sé sinceramente por dónde empezar por que un sentimiento de confusión me lo impide, más aun cuando ya sólo eso está en mi cabeza. Me siento horrible al pensar en esa noche, pero por el placer culposo de haberla vivido, la muerte me dijo que yo era chévere. ¿Ahora ya no me va a volver a matar?
Toda la noche comenzó cuando desperté, eran aun las 9 de la mañana y yo sentía la marihuana del día anterior recorriendo en sus últimas, las neuronas que aun no había inhibido. Recuerdo haberme parado de la cama con el pensamiento perdido, tal vez algo pasaba por mi cabeza pero la preocupación era tan minúscula que lo único que resultaba importante era que había sobrevivido a la noche anterior, y hablo de sobrevivir a mis propios demonios, a las voces que me llevaron a lo que ya no deja de rondar mi cabeza, lo que soy yo.
Cada fin de semana descubro y aplico una manera diferente de despertar mis demonios, los que opacan las pocas virtudes que a mi corta edad poseo, pero que me dan una facultad social increíble y tal vez la consecuencia fue hacerme amigo de la muerte. Cuando llegamos al lugar de encuentro solo iba con mis amigos y mis demonios seguían encadenados a mi moral a mi pena social, porque cuando estoy sobrio, soy tímido, me tengo paciencia y a la gente. Me había encontrado con una amiga antes de haber empezado la noche en cuestión, fue triste tal encuentro, su madre tiene cáncer y yo pues no sé que decir al respecto, solo intentar mantener la esperanza del corazón despierta con algún buen cumplido, una frase alentadora.
 Estando allí con ella  uno de mis amigos se me acerco, me dio un montón de billetes. Era lo que había logrado obtener del resto de personas reunidas en el lugar, y básicamente me envió a comprar todo lo que pudiera. Sí, yo soy el amigo que sabe donde conseguirlo mejor y más barato, como con todo, incluso con el amor, aunque no de esa clase de amor, del amor bueno, pero barato. Solo había salido para despejar mi mente, olvidarme de la vida que llevo de lunes a jueves, porque el viernes empiezo a ser yo otra vez, empiezo a dejarme llenar por los vanos pecados capitales que tanto disfruto cometer, aunque siendo francos ese no es el caso, yo no soy el caso.
La muerte había entrado ya varias veces en mi vida, mi abuela paterna y mi abuelo materno tuvieron la oportunidad de darle un beso a la muerte, de estrechar su mano, de ver su rostro... bueno si es que tiene uno. La realidad es que ya me había hecho llorar a mí y otro montón de seres humanos que a diario sentían el piquete de la muerte como la mordedura de una serpiente, sutil pero bien doloroso, así como cuando nadie le avisa a uno cuando va a llover, así mismo la muerte sólo cae y cuando menos lo esperamos se va y sale sol. Creen ustedes que yo hubiera consentido ser amigo de la muerte estando sobrio? Porque si verdaderamente creen eso, entonces jamás han bebido whiskey barato, la muerte es más que una amiga es una poeta y les voy a explicar por qué; No es simple cuestión de matar, es más que eso… se trata justamente de poetizar la muerte de alguien, de volverla un eterno infierno para ellos, pero un recuerdo absoluto de quien sí está vivo, de hacer que la vida sea más que un simple paso por un lugar de quién ni tienen idea que lo creo, pero la cuestión  de ustedes los humanos es que creen que vienen a recorrer un camino de felicidad que van a terminar al lado de un Dios que está ocupado jugando al póker. Sí la muerte les confesara eso, entonces la muerte sería normal. Yo nunca imagine poder empezar una conversación con ella, mucho menos conocerla.
Sin más rodeos, ya iban unas 20 copas del mejor vodka combinado con el peor tequila, seguía de píe pero ya todas me parecían bonitas, hablo de las mujeres por supuesto, sobretodo una, la del cabello corto. Esa señorita con ojos verdes cristal, como unos rubíes muy caros que nadie se atrevió nunca a comprar, hasta que yo me las di de perspicaz. Tenía un hermoso vestido corto de flores, combinado con unas botas cafés y un toque sutil de polvo y rubor para no verse tan pálida, pues a pesar de su tez clara, ella tenía cierto contraste que hacía que esas luces amarillas de parque reflejaran sobre ella como el mejor de los reflectores, yo sólo me resumí a admirarla al principio a mirarla detalladamente, hasta que mi amiga que estaba a mi lado me dijo: “La miras muy apasionado, te reto a que no te le acercas” Que hizo, que hizo. Pues acepte el reto y fui, le pregunte por que estaba tan sola y en que tenía perdida su mirada, paso un momento antes de que hubiera respondido, pero tuve éxito porque sonrió. Yo estaba ebrio pero de todas formas apasionado. Ella me contesto que sólo estaba pensativa, con su voz apropósito ciertamente rara, no parecía una chica citadina, era rara pero no molesta, todo lo contrario, me hacía querer hablar. Yo le dije que la notaba triste, pero que yo ahogaba mis tristezas en la poesía, honestamente no sabía que le estaba inventando, aunque un borracho jamás dice mentiras, o bueno a veces dice la verdad. Poesía, ese fue el problema, porque resulto poeta y fue conmovedor para ser sincero, pues aparentemente al ver que podía desvelar ese lado intimo sus ojos brillaron como los de un niño, pero un niño que acaba de darse cuenta que el mundo va más allá de lo que imagina, que el mundo es un simple punto en un universo lleno de secretos, de misterios como el de ella. Al principio no dijo llamarse muerte, sino Paulina. Un lindo nombre, y seguramente eso le dije. El caso es que la poesía fluyo hablamos mucho al respecto, no lo menciono porque no lo recuerdo, el alcohol impide las neuronas, pero les voy a contar los lapsos de acuerdo a como yo los saque de esas lagunas, los enumerare.
1. La conocí
2. Le hable de poesía
3. Le presente mi amiga poeta
4. Me contaba sobre su triste y opaca vida
5. vivía a 5 cuadras de mi casa
6. La acompañe hasta allí (me ofrecí caballerosa y ebriamente)
7. Nos acostamos a ver las estrellas
8. Vomite sin cesar
9. La bese
10. La lleve a su casa.

La pregunta es, cómo supe que era la muerte, fácil al otro día desperté y tenía un poema en el bolsillo,  escrito por una mano que aparentemente temblaba, en un papel morado y sellado con fuego de alguna manera. Tenía una apariencia fantasmagórica, y al final con sangre estaba firmado en minúscula “muerte”
Decía así:

Poeta
La noche te trajo, yo no lo impedí
Supe que no era tu momento
Era el mío.
En los ojos del fuego, vi el frío de tus palabras,
pero cuando me hablabas
La poesía era cálida.
No soy quién crees,
ni  tú quién yo quisiera,
pero eres quien marco.
No mi vida, porque ya expiro,
sino las letras de esta carta,
que ya no es carta.
Pues en mis manos murió,
para ser poesía.
-muerte.


Bese a la muerte y no lo sabía, estaba borracho. La muerte me escribió un poema y no fue necesario ir a dos lugares, solo hablar de poesía, que es la única y verdadera muerte de todo.

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